El café es uno de los principales motores de la economía colombiana. Millones de familias dependen de su cultivo, desde pequeños productores hasta exportadores que llevan el grano colombiano al mundo. Su reconocimiento internacional permite competir en mercados exigentes, impulsando la innovación y manteniendo la reputación de calidad que distingue al país frente a otros productores.
Cultivo y biodiversidad
Aunque el café puede cultivarse en armonía con la naturaleza, su expansión descontrolada puede afectar ecosistemas locales. La deforestación y la pérdida de hábitats son riesgos reales si no se aplican prácticas sostenibles, como el café bajo sombra, que protege la flora y fauna mientras mantiene la producción.

Recursos naturales bajo presión
El cultivo de café requiere agua, suelo fértil y clima adecuado, y su manejo inadecuado puede generar erosión, agotamiento del suelo y alto consumo de agua. Además, el cambio climático amenaza la estabilidad de las zonas de cultivo, haciendo imprescindible la gestión responsable de estos recursos para garantizar la producción futura.
Sostenibilidad y responsabilidad ambiental
La agricultura sostenible y las certificaciones ecológicas buscan reducir el impacto ambiental del café. Estas iniciativas protegen la biodiversidad, conservan los ecosistemas y apoyan a las comunidades, asegurando que la tradición cafetera continúe siendo una fuente de ingresos y orgullo cultural sin comprometer el futuro del planeta.
